miércoles, 22 de noviembre de 2017

Reseña de CÓMEME de Agnès Desarthe en Diario de Sevilla



Alicia entre fogones


Agnès Desarthe firma una novela sobre el amor, la comida y el sexo.


La escritora francesa Agnès Desarthe (París, 1966).


M. ÁNGELES ROBLES13 Diciembre, 2016 - 06:00h


La ficha
'Cómeme'. Agnès Desarthe. Trad. Iballa López Hernández. Ediciones Baile del Sol. Tenerife, 2016. 15,60 euros.

'Cómeme'. Agnès Desarthe. Trad. Iballa López Hernández. Ediciones Baile del Sol. Tenerife, 2016. 15,60 euros.La faja promocional de Cómeme de Agnès Desarthe presenta la novela de la escritora francesa como "un bocado tan delicado como indigesto. Un relato sobre sexo y comida alejado de toda corrección política", un reclamo pensado para atraer a un tipo de lector que tal vez no se sienta del todo satisfecho con lo que le deparan las páginas de este libro. En contra de las simplificaciones de la mercadotecnia libresca, como acierta a decir la contraportada, Cómeme no es una novela "amable", en la que la comida sirva de excusa y el sexo de reclamo, aunque tangencialmente ambos estén presentes. En cuanto a la corrección política, cualquier cosa que eso sea, poco tenemos que decir, tan sólo preguntarnos si es correcto o incorrecto, políticamente hablando, poner en cuestión una particular forma de vida, sus pequeños triunfos y miserias, sus aciertos y desventuras.

Agnès Desarthe es una narradora experimentada, capaz de construir un relato envolvente y dinámico y de mantener la atención del lector desde la primera página sobre la vida complicada de una mujer sola que intenta salir adelante como mejor sabe: contando con el azar, enfrentándose al miedo y al dolor. Myriam, la protagonista, se autodefine como "una persona peligrosa y poco fiable", aunque, en el fondo, solamente es una mujer madura, una superviviente, que se siente estafada por la vida y que intenta inventar un pequeño mundo confortable en la escueta cocina de su coqueto restaurante. Descreída, cansada, magullada por las heridas del pasado, emprende una huida hacia adelante sin demasiada convicción, sin heroísmo, sin apenas esperanza.


No es cocinera profesional, pero la cocina es su tabla de salvación. Para ella, no es únicamente una forma de ganarse la vida, sino más bien una actitud vital, una forma de enfrentarse al pasado y recomponer el presente, sin atreverse a mirar nunca al futuro. La desastrada heroína de Cómeme está escasamente preparada para asumir la dirección de un negocio, se siente insegura de todo lo que hace, aunque maneja con soltura y delicada maestría un puñado de recetas que se convierten en la avanzadilla de esa nueva vida que poco a poco se atreve a soñar. Alrededor de ese nuevo mundo en ciernes se concentran un puñado de personajes pintorescos, una suerte de corte bondadosa que tiene como misión crear el espacio propicio para la redención. No deja de sorprender la capacidad de Myriam para atraer a tanta gente eficaz dispuesta a ayudarla, y quizás sea éste, junto con el sorprendente final feliz de la historia, el punto débil de la novela.

Convence sin embargo el ritmo de la narración, la ligereza de la prosa de Desarthe y su capacidad para construir con verdad y profundidad los detalles de una historia personal jalonada de desencuentros, fracasos y desengaños. La literatura también juega un papel fundamental en esta novela. Los pocos libros que conforman la escueta biblioteca de la protagonista, que apenas ocupan un estante de la pared de su restaurante, son restos de un naufragio, supervivientes de la memoria, símbolos ineludibles de otro tiempo vital, de otro estado mental; retazos de otra Myriam más esperanzada.

Desarthe va dosificando los amargos detalles de la vida de Myriam, sume al lector en un espejismo en el que se le atribuye el papel de confidente paciente. Como dice la protagonista, "la clave está en el equilibrio", y el equilibrio de esta historia se sustenta en la sencillez y en la falta de solemnidad con la que se abordan temas trascendentales. Y es que nos encontramos ante una mujer fuerte e inconformista que no renuncia a las pasiones, segura de que curar el alma pasa indefectiblemente por sanar el cuerpo, por sentir alegría y placer, convencida de que "el deseo es la única fuerza realmente subversiva". Por eso, aunque huye del amor, se siente viva a través del sexo y lo expresa sin rodeos.

El dolor y el placer conforman las dos caras de una misma moneda. La felicidad está hecha de pequeñas cosas que, parece decirnos Desarthe, nos procuramos nosotros mismos y también podemos procurar a los demás. Para Myriam su poder para cambiar la realidad se concreta en su cocina: "Mis clientes se deleitan con la comida y cada vez que lo hacen me digo: 'Ya está, he hecho feliz a alguien, sin dolor, sin riesgo de adicción, sin la enfermedad espiral del siempre más".

Como Alicia, el personaje de Lewis Carrol, la protagonista de esta novela también "trata de despejar la difícil ecuación del tiempo y el espacio" y se encuentra en la constante disyuntiva de morder una galleta en la que puede leerse "cómeme"; aunque, en este caso, tome la decisión que tome, nunca se siente "a la altura que corresponde".



http://www.diariodesevilla.es/delibros/Alicia-fogones_0_1089491629.html

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Reseña de "Muro de las lamentaciones", de Rubén Castillo en Literatura +1


"Muro de las lamentaciones", de Rubén Castillo

FICHA TÉCNICA:

Género: Narrativa, Relatos
Editorial: Baile del Sol

SINOPSIS: 
Lo dijo Dante Alighieri y es verdad: casi todos, en medio del camino de la vida, nos encontramos en una selva oscura. Quizá por eso nos aferramos a la esperanza de que, al final, exista un horizonte de luz que nos acoja, nos absuelva y nos reconforte. Los protagonistas de estos relatos son seres heridos, cercados por el fracaso, la decepción o el insomnio. Seres que han descubierto con tristeza que los tonos grises han empapado sus calendarios. Seres a quienes la lucidez ha desgarrado y que se acomodan como pueden a la resignación o las lágrimas. Vivir, en ocasiones, es un ejercicio melancólico. Y todos los muros en que apoyamos la frente se transforman en muros de las lamentaciones. 

OPINIÓN:
A estas alturas de octubre uno ya empieza a calentar motores para el típico top 10 anual, y tengo clarísimo que los relatos de Rubén Castillo van a estar en esa lista, muy arriba: 'Muro de las lamentaciones' es una de las lecturas que más he disfrutado este año.
Al margen de las consideraciones más o menos formales del texto, a las que ahora iré, una sensación (la principal, además) que planea durante la lectura es la de que el autor disfruta creando y contando historias (no obstante es profesor de literatura y crítico literario, además de escritor), y esto se refleja indefectiblemente en el ánimo del lector, que queda atrapado desde la primera línea. 
Sus variadísimos personajes (un taxista que pierde el sueño una noche de fuerte viento, un caballero andante, una importante ejecutiva, la asistenta de un poeta español en el exilio, un vigilante de seguridad, una mujer asomada a la ventana...) y escenarios hacen de la obra una lectura amena como pocas. Esta variedad de protagonistas y escenarios genera, a su vez, un abanico de secundarios sin apenas presencia física (casi siempre traídos a escena por las palabras de los principales) que conforman un universo literario en el que el lector va saltando de historia en historia sin poder imaginar qué vendrá a continuación. Personajes con color, con una intensa vida interior (quizá la sinopsis da una idea demasiado gris de los mismos), pero que también se encuentran a veces solos en un camino hacia ninguna parte, o al final del mismo, y allí se detienen a meditar, siendo este acto, este detenerse a pensar, a observar, el pilar central de libro (pero del que, insisto, surgen muchos ramales de distintos tonos, creando una obra de espejos donde los lectores sin duda se verán reflejados en más de una ocasión, unos aquí y otros allá).
Sorprendentes giros finales en la mayoría de relatos, claro, como uno puede esperar en los libros del género. Sin embargo Castillo va un paso más allá, soltando la sorpresa casi cuando el lector ha renunciado a ella; en ese instante en el que has disfrutado el relato (la prosa del autor es de las más ricas y depuradas que me he echado en cara en mucho tiempo) y cree que ya nada puede pasar (incluso ya nada debe pasar, pues el relato ha estado bien), Rubén tira de la anilla y lanza la granada, como en la historia del vagón del tren o en el magnífico divertimento cervantino. Del mismo modo, da otra vuelta de tuerca al juego de la metaliteratura con su relato 'Dos cuentos para que usted los escriba', donde el narrador omnisciente tira del lector hacia dentro del libro mientras se desarrolla uno de los relatos que más me han gustado, y que son dos relatos a su vez. 
Destaco también 'Blas', donde el autor va y viene en el tiempo y el espacio desplegando un sutilísimo espectro de escenas y personajes (todo en la cabeza del protagonista, que mira por la ventana desde su cama), 'División Keeler', donde los asiduos a certámenes literarios nos vemos muy reflejados (aunque desde el otro lado, pues el narrador es un miembro del jurado), 'En la cinta transportadora' y 'El hombre de los zapatos color corinto', relatos en los que no sólo el autor coloca al milímetro la jerga y dejes adecuados en boca de los personajes, sino que describe con total acierto la realidad social y preocupaciones de los mismos.
Una magnífica obra que recomiendo sin duda.

Luis Sánchez Martín