martes, 20 de febrero de 2018

Entrevista a Pablo Escudero en Adivina quién viene a leer

Pablo Escudero y sus Mil dolores pequeños

Pablo Escudero
Hoy Marina Hidalgo nos presenta a un autor que va a dar mucho que hablar , Pablo Escudero.
Pablo Escudero Abenza (Orihuela, 1984) se gana la vida como profesor de Matemáticas en secundaria pero también es autor de relato y novela y becario de Creación Literaria en la Fundación Antonio Ródenas García-Nieto, de Madrid. Ha ganado más de veinte premios de narrativa y tiene en su haber tres libros publicados y dos más a punto de salir al mercado. Además, está trabajando en la que será su primera novela larga y siempre vuelve al cuento, al que considera su verdadero hogar narrativo.
Confiesa Escudero que nada le parece más aburrido que lo convencional. Quizá por ello Mil dolores pequeños no es un libro convencional. Podría decirse que se trata  de una novela coral, poblada de numerosos personajes secundarios, y sin embargo tiene un único protagonista: alguien de quien no sabemos nada, ni siquiera su nombre, pero lo sabemos todo: “un tarado incapaz de olvidar”, “alguien con memoria infinita y dotes casi nulas para la vida”. Escrita en primera persona, el autor nos presenta a un protagonista infeliz y en ocasiones desesperado, angustiado permanentemente por su incapacidad para olvidar nada, que ha acabado convertido en mero observador de vidas ajenas. “En realidad soy, por encima de todas las cosas, un enfermo. Aunque no me guste reconocerlo y no me guste que nadie me trate así”.
Pero realmente Mil dolores pequeños no encaja en la definición de novela. Es más bien un collage de pequeñas historias, de reflexiones y vivencias que el protagonista va recordando sin un orden aparente. Porque la memoria funciona así ¿verdad? Por ejemplo, recordando unas inundaciones, el protagonista se acuerda de su abuelo y, sin saber cómo, acaba explicándonos una técnica infalible para cazar moscas. Los recuerdos se imponen a su manera y toman el control no solo del contenido sino también de la forma. Así, con un estilo muy directo, Escudero nos invita a saltar de recuerdo en recuerdo mientras sentimos que muchas de las experiencias narradas podrían ser nuestras. “Recuerdo ir en el coche con mis padres a pasar el día a la playa. Recuerdo el olor a cuero quemado de los asientos a la ida, y el perfume mezclado del protector solar y el salitre a la vuelta”. Y digo yo ¿acaso no podría ser éste un recuerdo universal? ¿Quién no tiene un recuerdo similar? Y no es el único porque a nosotros también nos curaban las heridas con mercromina, decíamos adiós a los trenes con la mano, en el colegio teníamos un amigo gordito, y atesoramos el recuerdo de un primer beso de amor que no fue tal.
Mil dolores pequeños no es solo una invitación a recordar y a compartir recuerdos, es también una provocación a nuestra propia capacidad de memoria. ¿Nos acordamos realmente de todo aquello que deseamos? ¿Somos capaces de olvidar todo lo que no sea merecedor de permanecer archivado en una carpetita de nuestro cerebro? La mayoría de nosotros (no así el protagonista de esta historia) debemos responder que no, que a menudo somos incapaces de comprender el mecanismo selectivo de nuestra memoria porque, como apunta Escudero, “al final, todo el mundo debe reconocer que ya no se acuerda de alguna de esas cosas que fueron tan importantes”. Es triste. Pero es verdad.

-Háblanos de ti, Pablo ¿Cuándo y por qué empezaste a escribir?

Soy un escritor clásico en el sentido de que empecé a escribir después de mucho leer. No concibo otra manera de llegar, pero sé que las hay. Hubo un momento previo de escritura en mi vida, en torno a los 14 años, cuando una profesora nos animó a escribir un relato para un concurso que se celebraba a nivel nacional, yo escribí el mío (no lo recuerdo) y obtuve el 2º Premio entre todos los escolares del país. Se generó una cierta sensación de que yo iba a escribir, o que tenía que escribir, entre los profesores, en casa, y me generó casi rechazo la idea. Así que me alejé de ello. Lo que sí era desde pequeño es un lector empedernido, y en esas edades leía mucha novela de aventuras y de misterio (la primera novela adulta que recuerdo elegir y leer y releer luego muchas veces es Drácula), mucho del siglo XIX, El conde de Montecristo, por ejemplo, las de Mark TwainWilkie Collins, el Dr. Jeckyll y Mr. HidePoeSherlock Holmes, y también novelas de misterio contemporáneas, Michael ChrichtonFrederick ForsythJohn Le CarréPérez Reverte. En algún momento pasé a la novela negra clásica, ChandlerHammett, en casa teníamos una buena colección, Patricia Highsmith, y en torno a los 18 o 19 años es cuando llego por un lado a los cuentos de Bola
o en Llamadas telefónicas y a las novelas de Paul Auster de La trilogía de Nueva York. Esos dos libros marcan un poco las ganas de escribir, son textos con escritores, con juegos metaliterarios, luego leí varias veces Los detectives salvajes de Bolaño, también París no se acaba nunca de Vila – Matas. Por ahí es cuando empiezo a escribir. Y como todo vicio, cuanto más se alimenta más hay que satisfacerlo, cada vez con más regularidad y dedicación.

-Ya sabemos que la elección del título es un momento crucial, a veces casi místico, para todo escritor. En tu caso, ¿de dónde sale el título “Mil dolores pequeños”?, ¿qué significa?

Pues no sabría decirte exactamente de dónde surge. Lo vi en algún momento de la escritura. No tengo ninguna liturgia, a veces lo tengo claro desde antes de escribir, a veces no lo veo hasta el final, releyendo. Por un lado creo que la vida la hacemos con los pequeños acontecimientos del día a día más que con los grandes hechos y los grandes cambios, que siempre van a ser menos y más puntuales. De ahí el mil, por ponerle un número que suene grande y a la vez abarcable, y de ahí lo de pequeños.
Lo de dolores supongo que es porque el tono general de la novela tiende a la melancolía. Y porque supongo que me gusta pensar que de lo que nos duele al menos aprendemos.

-Te defines a ti mismo como cuentista, escritor de relatos. ¿Es “Mil dolores pequeños” tu crisálida para convertirte en novelista?

Realmente no veo que el cuentista tenga que convertirse en novelista en el sentido que apuntas con el término crisálida. Mil dolores pequeños es una novela escrita por un cuentista, y no lo niega, o eso me parece. No sé si históricamente lo es, pero una de las maneras más intuitivas de escribir una novela es superponer historias cortas que le van sucediendo a un mismo personaje o a un grupo de estos. Mil dolores pequeños es una novela muy fragmentaria, que va y viene (como la memoria y los sueños, que es a los que está tratando de emular) y algunos de esos capítulos tienen entidad de relato propia.

-¿Te ves escribiendo novela en el futuro?

Sí, pero igual que me veo escribiendo cuentos. De hecho además de Mil dolores pequeños tengo una novela corta que saldrá publicada en abril de 2018 por Ediciones Complutense (ya que fue merecedora del Premio Complutense de Narrativa 2017), un libro titulado ¡En el rincón de la derecha, con catorce derrotas, doce de ellas por K.O., con calzón negro, guantes naranjas, ochenta kilos y vista cansada! que tras ese larguísimo título boxístico esconde una historia que pretende discutir el relato que hemos oído tantas veces sobre la movida madrileña, la apertura cultural en los ochenta, que es quizá un tótem que queda; la transición política ya ha sido rebatida pero eso no.
Mil dolores pequeños se publicó a mediados de 2016 pero la verdad es que la escribí a finales de 2012, así que en cuanto a escritura me cae lejana, he empezado muchos proyectos desde entonces y algunos los he terminado. Y el último año y medio he estado escribiendo una novela larga que ahora mismo busca su fortuna por certámenes de novela y que sí diría que es la primera obra que he escrito con idea de estar haciendo una novela que cumpla la definición de una novela, con trabajo de estructura, arquitectura, sin esa inmediatez que el relato permite y que estas dos novelas, más breves y fragmentarias, me han permitido mantener. Por sus propias dimensiones (fue un borrador de más de 500 páginas y acabó en una novela que supera las 300) se me hizo necesario trabajarla con más planificación, lo cual por un lado te ayuda a aprender un oficio casi nuevo y por otro le quita algo de magia.

-El protagonista es un escritor de relatos incapaz de olvidar nada y con muchas anécdotas que contar. ¿Qué hay de autobiográfico en esta historia?

Pues supongo que en el fondo debe haber mucho,
porque uno escribe al final de lo que conoce a nivel emocional, de reacciones etc. pero en la superficie más bien poco.
La mayoría de anécdotas no son mías, y no tengo ningún trastorno relacionado con la memoria, más allá de que mis amigos o mi mujer puedan decir que tengo una buena memoria. El punto en el que empiezo a escribir el libro sí viene de mi propia memoria. Lo primero que escribí fue la escena en la que el narrador recuerda unas inundaciones en las que tuvieron que acudir helicópteros. Eso sí es un recuerdo propio, de las inundaciones de septiembre del 87 en Orihuela, mi pueblo, cuando yo tenía 3 años. Es luego una escena que apenas tiene mayor importancia, pero sí recuerdo que empecé a escribir el libro tirando de ese hilo.

-¿Te documentaste de alguna manera sobre la hipermnesia, el extraño fenómeno de la memoria ilimitada?

Me encanta que me entrevistes tú, que tienes formación académica en psicología, porque así aprendo. Desconocía incluso que el trastorno que estaba describiendo tuviera ese nombre concreto, si soy sincero. Desconfío de la documentación (salvo en los libros en los que es obligatoria, en un ensayo o en un libro que se quiera ofrecer como una reconstrucción histórica exacta de algún hecho) para las novelas que trabajan desde la fantasía (aunque esta a su vez venga de la experiencia personal). Quiero decir que como lector una novela no me va a gustar más o menos porque la tienda que dice que está en el portal 22 de la calle X realmente esté ahí. Juan Marsé ha creado quizá la imagen más potente de Barcelona en lo literario a lo largo del siglo XX y no ha dudado en mover calles, cambiar localizaciones, fechas, como él mismo reconoce. Como cuentista también me gusta reivindicar esa tradición del invento de la historia, de la mentira si queremos llamarla así, contraria totalmente a la documentación. La verosimilitud debe primar sobre la verdad en la narrativa, y eso ya lo decía Aristóteles. Dice Stephen King en el prólogo de su ensayo sobre el terror literario Danza macabra, que los puritanos siempre han desconfiado de la ficción porque es esencialmente trampa y mentiras. A mí me gusta sobre todo por eso. Y como escritor, porque me permite camuflar verdades entre las mentiras.

-Tu personaje considera la hipermnesia una enfermedad, una desgracia. ¿No crees que la mayoría de las personas la considerarían un don?

Hay que tener mucho cuidado con lo que consideramos dones, me temo. El libro surge de un primer diálogo con un relato clásico como es Funes el memorioso, de Borges. Borges juega desde la paradoja lógica, y yo trato de llevarlo a las devastadoras consecuencias humanas que tendría ser el poseedor de esa memoria invulnerable. No olvidar literalmente nada debe ser terrible. Además yo enseño al personaje ya al borde del abismo, cuando esa memoria pone en peligro que pueda añadir más información a lo que ya sabe sin explotar, leer nuevos libros, por ejemplo. Va a un centro médico (con sus particularidades) como un enfermo de riñón va a diálisis, a que le limpien la memoria en este caso, se ahoga, no es una situación envidiable.

-¿Quizá los humanos tendemos a valorar como defectos aquello que en otros admiraríamos como virtud?

Supongo que los humanos tenemos el defecto esencial de no estar nunca del todo satisfechos.
Esto por un lado nos hace estar en permanente búsqueda y por otro no estar nunca del todo contentos. Por no alejarme demasiado de lo literario, envidio igualmente la capacidad de algunos autores de ser torrenciales y excesivos en su literatura, como me pasa con Don DeLillo o Rodrigo Fresán y en otros justo lo contrario, la capacidad de ser concisos como J. M. Coetzee o de componer una historia completa en apenas 2 o 3 páginas, como Etgar Keret. Creo que todos saben hacer algo que yo no consigo hacer así de bien, y son cualidades muy distintas, casi contradictorias.

-Los capítulos podrían leerse sin un orden concreto, incluso aleatorio, sin que ello alterase el conjunto. ¿Por qué elegiste este tipo de estructura?

El orden de la novela está bien pensado, no creas, pero es verdad que podría haber sido perfectamente otro; de hecho hubo otros montajes alternativos. Contemplé en su momento la estructuración de la novela (tan poco novelesca) como una sala de montaje de cine. Cuando estaba escribiendo estos textos no decía: va a salir una novela, escribía simplemente. Llegado el momento de pensar qué hacer con ellos, tenía muchos fragmentos que eran parientes unos de otros y había que organizarlos de manera coherente, cortando y pegando cinta, y dejando escenas fuera. Como ya te comentaba, algunos de los capítulos podrían ser cuentos directamente, empiezan y acaban una pequeña historia. Otros van dibujando pequeñas subtramas que se van manteniendo, otras subtramas aparecen, se esbozan y desaparecen. La idea de esa estructura es que la forma se adapte al fondo. La novela trata de la memoria y la memoria no es ordenada, a veces vienen recuerdos no se sabe muy bien de dónde y llegan y ocupan tu cabeza. Eso trato de reproducir. También pienso que ese funcionamiento la hace más onírica, cercana al modo en que soñamos.

-“Mil dolores pequeños” no es un libro convencional. ¿Era ésta tu intención? ¿Te interesa marcar la diferencia dentro de un mercado tan poblado como es el editorial?

Te tomo a modo de halago que lo definas como no convencional. Nada me parece más aburrido que lo convencional. No es una novela convencional, ciertamente, si entendemos como tal una historia con su introducción, nudo y desenlace. Casi te admitiría que no es una novela, o no solo una novela. Es una colección de momentos.
A la prosa a veces le permito que se suba a una ambición poética, en otras es casi lacónica.
Leer el libro es como mirar dentro de una caja de fotografías.
Eso puede contar una vida, y aquí se intenta hacer, pero no tiene por qué tener la estructura de una novela, no hay una narración como tal igual que no la habrá seguramente en tu vida y desde luego no la hay en la mía. En cuanto al hueco en el mercado editorial, es muy complicado y no sé de qué puede depender exactamente, quizá sea como la lotería. Por eso agradezco que os intereséis por mi libro, porque siempre puede haber alguien que lea sobre la novela en vuestra web y decida hacerse con ella y darle una oportunidad

-¿Qué crees que puede ofrecer tu obra a los lectores? ¿Cuál es tu mensaje?

Espero que no haya un mensaje en lo que escribo, la verdad. Abomino de la literatura pedagógica y con mensajes. En cuanto a lo que puedo ofrecer a los lectores, pues supongo que mi ideal es ser capaz de dar a los lectores lo que yo busco como lector. En primer lugar: que me sorprendan, en segundo: que me regalen una imagen estéticamente destacable, una frase que me quede paladeando, una idea que descoloque las mía.

¿Estás escribiendo ahora mismo? ¿Qué proyectos de futuro tienes?

Siempre estoy escribiendo, la verdad. Terminé allá por abril la novela larga de la que os hablaba. Desde junio soy becario de creación literaria de la Fundación Antonio Ródenas García – Nieto, y la beca es para escribir un libro de cuentos relacionados con el arte. El libro lo tengo ya escrito y estoy estructurando la colección y revisando todo, debo entregarlo a finales de año y saldrá publicado en el primer semestre del 2018. No os puedo adelantar el título porque no lo veo claro todavía. En estos meses estoy dedicado principalmente a esa tarea, pero también he empezado, a modo de ejercicio, a escribir una novela con una trama clara, relativamente lineal, sin digresiones, que se ajuste más o menos a una historia de misterio o casi negra, y ya veré si la termino o se cruza otra cosa por el camino.

-Y, nuestra pregunta obligada: En nuestro blog pensamos que a veces un libro cae en tus manos y te cambia la vida. ¿Cuál sería ese libro para ti?

Alguna vez he hecho el ejercicio de dibujar un esbozo de mi biografía hasta el momento (que tengo 33 años) de libro en libro. Empezaría con aquel Drácula que cogí de la estantería con 11 años, y pasaría por muchos autores: por Bolaño, Cortázar, Kafka, Foster Wallace, DeLillo, muchos. Hay libros que he disfrutado enormemente a lo largo del 2017, como Solenoide de Mircea Cartarescu o La hora violeta de Sergio del Molino, libros que me acompañarán siempre, pero que no llegaría a decir que me han cambiado la vida. Quizá la última vez que un libro cayó en mis manos y me descolocó hasta el punto de hacerme cambiar mi manera de leer y de enfocar mi escritura fue con La novela luminosade Mario Levrero.

lunes, 5 de febrero de 2018

Reseña de Esbozos inacabados de una revolución, de Brane Mozetic en La República Cultural

Esbozos inacabados de una revolución, de Brane Mozetic

La falacia del cambio tranquilo

Alberto García-Teresa – La República Cultural

El esloveno Brane Mozetic (Ljubljana, 1958) construye los poemas de este volumen con recuerdos autobiográficos (“desde que tengo uso de razón, escribo sobre mí mismo, mi historia”, explica), que se suelen desplegar con un registro narrativo. En ellos, el autor cuestiona de lleno la “liberación” democrática y plantea la continuidad de los sistemas de dominación entre sistemas políticos en su país. Habla de “engaño” y pone de relieve las contradicciones y cómo está asimilado el pensamiento hegemónico y el imperialismo. En ese sentido, palpita el relato de una frustración política, de una decepción; de las manifestaciones y protestas en vano, de la fuerza colectiva que ha sido reconducida, amansada y, finalmente, aunque se ha producido un cambio, no ha sido en verdad rupturista con los mecanismos de control social, sino que los ha reforzado: ese “cambio tranquilo” que tan solo el miedo y la sumisión permiten acatar. Resulta muy peculiar cómo, a pesar de estar hablando Mozetic de Eslovenia, estos poemas (publicados hace unos pocos años en su país) parece que se está refiriendo a la “Transición” española (habla, además, de procesos que también transcurren en los años setenta).
A su vez, la guerra y el militarismo son aspectos centrales en estas páginas: “no me ha tocado vivir en paz, no sentir vuelcos en el corazón”. En contraposición, varios poemas rememoran relaciones amorosas, que constan como momentos de gran intensidad que igualmente han terminado de manera dolorosa, hasta el punto de que el amor constituye el otro pilar del poemario. Una dimensión de opresión y desigualdad se evidencian en ellas, al tratarse de relaciones homosexuales, y denuncia la falta de derechos civiles.
De esta forma, Esbozos inacabados de una revolución arranca más centrado en la política gubernamental y va derivando su atención al amor, a la homosexualidad, también con una perspectiva colectiva.


viernes, 26 de enero de 2018


EL TRAUMA QUE DEJARON LAS OLAS. TSUNAMI BLUES YA EN ESPAÑOL
Carlos Ferrer
24-01-2018


La novela ‘Tsunami Blues’, de la hispanista checa Markéta Pilátová, ha sido traducida al castellano. Se trata de la historia de un trauma, desarrollada entre Tailandia, Chequia y Cuba.



El tsunami que en 2004 arrasó el sureste asiático se llevó solo en Tailandia la vida de más de 9.000 personas, muchas de ellas turistas occidentales. Entre ellos los padres y el hermano de Karla Klimentská, la protagonista de ‘Tsunami Blues’, la tercera novela de la periodista, hispanista y profesora checa Markéta Pilátová, que ahora ha visto la luz en castellano gracias a la editorial Baile del Sol.

La traducción, a cargo de Kepa Uharte, fue presentada este lunes en el Instituto Cervantes de la capital checa. En entrevista para Radio Praga, Markéta Pilátová nos desvela la historia original que sirvió de punto de partida para la novela

“Murieron varias familias checas también y una de ellas vivía en Kroměříž, pero me inspiré en la tragedia, digamos, o me aproveché. Murieron los padres y un hermano, y otro hermano sobrevivió. Lo que me llamó la atención después es que supe que un amigo nuestro conocido tuvo que ir a Tailandia a buscar a ese chico, porque este se rebelaba, no quería salir de Tailandia. Estaba buscando a los padres y al hermano, pensaba que iba a encontrarlos”.

Esa negación de la catástrofe, el trauma provocado por esa pérdida súbita y sus consecuencias psicológicas fue precisamente lo que Pilátová se propuso explorar mediante la narración.

“Después él volvió y tenía un choque postraumático. A mí no me interesaron tanto estas personas y esta historia, lo que me interesó es cómo trabajar con estos choques postraumáticos que cada uno tenemos, de un amor, de cambio brusco en la vida, de cualquier tipo de cosa. Tenemos unos micro choques postraumáticos y cómo sobrevivir a esto, cómo salir de esto. Eso me llamó la atención y surgió una historia”.
La cura se halla en Cuba

El planteamiento inicial estaba claro, la cuestión era cómo desarrollarlo. La autora cambio de género al protagonista y envió a la muchacha de nuevo fuera de la República Checa, a un país que conoce bien.

“No me salía el personaje del chico, no sé por qué, era muy difícil para mí. Pensé, bueno, qué puede pensar un chico adolescente en estas circunstancias, y no, no me salió. Entonces pensé, bueno, va a ser una chica. Y la mandé a Cuba después para cambiar de aires y hacer un viaje. Ella es trompetista pero pierde la música, con este choque no quiero tocar más. Tiene talento y es una pena”.

Las experiencias propias de Pilátová, marcadas por su estudio del español y los años pasados en América Latina, entran así en la novela, dándole una dimensión internacional e intercultural, combinando el mundo checo con el cubano, nos cuenta.

“Como no sabe mucho qué hacer con la vida y su profesor de trompeta era un cubano, entonces ella sabe hablar español, porque él hablaba con ella español. Él sugiere: bueno, puedes estudiar español, porque si no quieres tocar más… Entonces ella va a la universidad y conoce a una profesora muy vieja que hace una cosa muy peculiar, que yo hacía con mis colegas, llevábamos cosas para Cuba, para los disidentes cubanos”.

Aunque el paso de Centroeuropa al Caribe puede parecer un giro argumental extravagante, lo cierto es que se trata de un movimiento más natural de lo que parece a simple vista, dados los vínculos que históricamente relacionan a Chequia con la isla, comenta Pilátová.

“Tenemos mucho que ver con Cuba, tenemos muchos lazos entre Cuba y la República Checa, siempre han existido, antes del comunismo, porque los checos sabían hacer muy bien las refinerías para azúcar. Entonces a comienzos de siglo los checos fabricaban bastantes cosas en Cuba y después, claro, con el comunismo, etc. se desarrolló mucho más. Y Cuba era una de las pocas posibilidades para los profesores de español que echaron después del 68. Como ellos sabían español y los comunistas necesitaban traductores y profesionales que hablaran español, a muchas personas que echaron de la universidad los contrataron como traductores. Entonces muchos de ellos vivieron en Cuba”.

De hecho el personaje de la profesora que hace embarcar a Karla hacia Cuba, y que supone por tanto el detonante de su periplo cubano, y finalmente de su cura, está basado en una persona real, el profesor Jiří Černý, que fue todo un modelo vital para la escritora.

“Era una persona muy libre en su interior y siempre transmitía esta libertad para nosotros. Y él nos contaba mucho sobre Cuba, cosas desde el punto de vista de un profesor de español, no políticas. Pero yo en todos esos cuentos siempre entendía alguna cosa muy interesante. Todo esto lo incluí en el libro, toda esta miscelánea que yo hago siempre en mis libros”.
Literatura entre Chequia e Iberoamérica

Karla Klimentská supera su trauma enfrentándose a la tesitura de tener que sobrevivir en una Cuba para ella desconocida. Este contexto hispanoamericano es una constante en la obra de Markéta Pilátová, que antes de ‘Tsunami Blues’ debutó con ‘Mis Ojos te Llevarán a Casa’ (2007), traducido al castellano, y continuando con ‘Mi Libro Favorito’ (Má nejmilejší kniha, 2009). Su última novela lleva por título ‘Con Baťa en la Jungla’ (‘S Baťou v džungli’, 2017).

“Mi primer libro es sobre los compatriotas checos que viven en Brasil, que yo conviví con ellos y di clases para ellos. Y ‘Con Baťa en la Jungla’ es como si fuera una continuación, después de muchos años, con otros personajes pero el ambiente es el mismo. Y mi segundo libro es completamente hispanoamericano, no tiene nada que ver con la República Checa”.

Y es que además de viajar por España y Sudamérica, y haber enseñado checo en la Universidad de Granada, Markéta Pilátová ha sido durante casi una década profesora de checo para los descendientes de checos radicados en Brasil y Argentina, lo que además de darle material para dos novelas, marca de forma significativa el entorno en el que se mueve, explica.

“Yo creo que cuando estás escribiendo algo y estás en un ambiente, el ambiente te influye, es lo que más está cercano, te rodea constantemente. Es muy difícil hacer un click en la cabeza y estar en la República Checa de repente. Yo no lo consigo. Ahora es mi ambiente desde hace 10 años prácticamente, es un ambiente más de casa. Pero como paso aquí siempre dos meses al año, y vivo en las montañas, en Jeseníky, y algunas partes he escrito aquí, no siempre, pero casi siempre mezclo el ambiente checo con el ambiente hispanoamericano”.

Markéta Pilátová es autora además de seis libros para niños y numerosas crónicas para la revista Respekt enviadas desde Brasil. Varias de sus obras han sido finalistas de los premios Magnesia Litera y Josef Škvorecký, y en total han sido traducidas a siete idiomas.


miércoles, 24 de enero de 2018

Reseña de Esbozos inacabados para una revolución de Brane Mozetič en LecoolBarcelona


Esbozos inacabados para una revolución, by Brane Mozetič




Lo personal es político. Con este sencillo y conocido lema feminista podemos describir también la obra-vida del escritor esloveno Mozetič, que acaba de publicar con Baile del Sol sus Esbozos inacabados de una revolución (traducción de Marjeta Drobnič y revisión de Matías Escalera Cordero). Un libro de poemas en el que la historia, las manifestaciones estudiantiles o el deseo sincero de libertad se entremezclan con la llegada de un hijo, su despertar homosexual, numerosos encuentros furtivos: “todo está preparado para la llegada de gorbachov. los bulevares están vacíos, hay más policías que árboles (…). oscilas con la caída de los muros, nacen vástagos, nacen países, caen víctimas”. Tras haber traducido los tres tomos de La historia de la sexualidad de Michel Foucault, no podía ser de otra manera para Brane: lo sexual es político. El sexo es un acto revolucionario, y más en una época, la actual, en la que lo sexual parece no ser parte de la vida, pervive ocultado; al menos en su representación pública o a través de las diferentes artes. No somos libres pese a la lucha, las naciones, el paso del tiempo, los mismos errores, las mismas encerronas de los distintos gobiernos que nosotros mismos elegimos. La rebeldía, las ilusiones perdidas tras la revuelta.

“todos éramos rebeldes. desdeñábamos el matrimonio, nos daba náuseas la imagen de una familia que salía de paseo los domingos en un seiscientos. despreciábamos el dinero, todo lo relacionado con él. andábamos por ahí en ropa gastada, vivíamos al límite, tanteábamos tenues energías entre nosotros. duró hasta la revolución, o hasta la contrarrevolución. después (…) los chicos jóvenes solo se vendían por dinero, no tocaban ya con los dedos delicadamente, no se estremecían, no sabían por qué luchar”.

La prosa poética de Brane Mozetič emana sencillez y sin embargo está repleta de significado. Duele, pero no sabes cómo cura.


lunes, 22 de enero de 2018

Reseña de DEL POLEN AL HIELO, de Luis Ramos de la Torre en Puentes de papel

LUIS RAMOS DE LA TORRE. DEL POLEN AL HIELO

Del polen al hielo
Luis Ramos de la Torre
Ediciones Baile del Sol, Poesía
Tegeste, Tenerife, 2017

HILOS DE LA MEMORIA


   A lo largo de su itinerario creador, Luis Ramos de la Torre recobra continuos enlaces entre música y poesía. Doctor en Filosofía, profesor y cantautor, sus pasos congregan una abundante reflexión ensayística sobre Claudio Rodríguez, poeta de la generación del 50 sobre quien realizó la tesis doctoral y fundó el Seminario permanente Claudio Rodríguez. Entre sus grabaciones destacan los trabajos musicados sobre Agustín García Calvo y colaboraciones con cantautores como María Salgado y Eliseo Parra.
   Desde su poemario inicial, Por el aire del árbol, un libro de composiciones para niños, hasta Entre cunetas, acaso su libro más comprometido con la memoria histórica, la voz lírica de Luis Ramos de la Torre lleva consigo una sensibilidad que entrelaza evocación, mirada introspectiva y reflexión crítica sobre el estar temporal. Son temas germinales que se ratifican de nuevo en las composiciones de Del polen al hielo.
  El sugerente título resume el ciclo del tránsito vital, ese caminar esperanzado hasta la grisura crepuscular del frío. El conjunto verbal busca la amanecida con una composición metaliteraria, casi una razón de escritura: Las palabras se formulan para abrir sentidos, para habitar la intemperie de lo desconocido y quedarse allí, suspendidas y activas, como esas mansas pelusillas de polen que se mueven al trasluz, como tercas volutas ascendentes.
 La cita de Maurice Maeterlinck, extraída de La vida de las abejas, anticipa que la naturaleza constituye un propicio escenario temático, impulsor de metáforas y símiles. En él adquiere recorrido una senda cognitiva que requiere el despertar testimonial de la percepción. En ese espacio vitalista la conciencia abre una identidad nueva, su vigilia descubre aurora y plenitud.
  Un verso hermético, “Insecto es amar” sirve de amanecida a un tema básico de esta primera parte del libro. La expresión connota tanteos lógicos. Si la entomología nos recuerda el carácter invertebrado de los insectos, su multiplicidad de especies, la resistencia de adaptación a casi todos los hábitats y la corta trayectoria vital, tenemos cualidades semánticas que aportan una lectura simbólica sobre el amor, el deseo y sus efectos secundarios.  La expresión también alerta del irracionalismo como fuente esencial del impulso poético –una de las premisas heredadas del autor de Don de la ebriedad- y de la necesidad de moldear en la expresión lírica un lenguaje propio y no contaminado por la dicción previsible. De esta actitud estética deviene un ideario expresivo: “No nombrar. / No otorgar a las cosas / el pulso de lo subjetivo. / Tomarlas del aire ordenando / el fulgor de su oferta. / Participar de la magia que queda /  latente en las palabras, apurar / lo entrañable. / Poner / el tiempo entre paréntesis”  El poema entonces se hace indagación y sugerencia, un quehacer imaginario capaz de “mentar el polen y amasar el hielo”.
  En el segundo apartado, Luis Ramos de la Torre recupera una palabra rural ligada al páramo castellano: escanda; el sustantivo define una especie de trigo propio de climas fríos y suelos arenosos, con paja dura y corta. La sección “Las escandas del hielo” aglutina un conjunto de poemas más despojado y directo, más evocativo. En ellos cobra un enfoque central la figura materna. La madre es sensibilidad ajustada a un tiempo marcado por la intemperie. Su afán laboral permitía, en su humilde condición, ejercer la dureza de un oficio lastrado por el frío. Ahora los poemas adquieren un mayor peso anecdótico, tienen los trazos de fotogramas “donde aprendimos a observar/ la cartografía esencial del tiempo”. 
  La visión poética del libro Del polen al hielo deslumbra por su arquitectura imaginativa y por la relación directa que establece entre subjetivismo y naturaleza. Lleva consigo esa compleja relación que las palabras dibujan entre poeta y realidad, un diálogo fértil tocado por la transparencia y la fugacidad, que hace de cada verso una ventana.

https://puentesdepapel56.blogspot.com.es/2018/01/luis-ramos-de-la-torre-del-polen-al.html

lunes, 15 de enero de 2018

Reseña de LOS OJOS DE LOS FORNECOS de Eladio Orta en Terra-Ecología práctica

Los ojos de los fornecos


Eladio Orta (1957-) es poeta, y ya la hemos comentado en esta sección su obra por su especial sensibilidad ecológica. Su nuevo libro no es un poemario sino narrativa poética y su título no puede ser más sugerente: Los ojos de los fornecos (2017). En este libro, de más de trescientas páginas, el lector se adentrará a un lugar perdido del sur del Reino de España, un lugar donde un río hace frontera con la tierra y el oceáno, un lugar donde se encuentra una isla muy especial. La Isla de las Retamas, una isla llena de “fornecos, ciénagas, fangales, cenagales, sumideros”, un lugar donde el tío Martín nos pasea por la historia de los lugareños y el paisaje natural que los rodea. Un relato que se desarrolla  “indagando en las aguas revueltas de los afluentes de la poesía y la narrativa“. Podríamos sintetizar que Los ojos de los fornecos es la historia de una saga de indígenas que resisten a la especulación urbanística para vivir acordes al ritmo de la naturaleza.

La Isla de las Retamas, lugar donde transcurre la cotidianidad que conforma esta magnífica incursión literaria, es ante todo, el homenaje a una tierra díscola, cuibierta de marisma salada, sapera, peijguera o caprichosa. Una lugar al que adentrarse “desde la otra parte oscura de la sombra, desde el epicentro del remolino nublado que nos acompaña para que aflore lo desconocido, el lastre que nos circunda y a veces nos encamina a situaciones vergonzantes”. Unas letras que transmiten con precisión “el lenguaje de las marismas, mezcla de agua salada y agua dulce, mezcla de arena y fango, mezcla de peces de mar y río, mezcla de cañas y papelejo.
Eladio Orta, su autor, poeta sangre pura, natural de la Isla Canela (Huelva) nos acompaña pues en un emotiva historia, desde la simplicidad llana, profunda y con exquisita sensibilidad, de forma que “Quizás sin saberlo, la poesía le había prevenido en sus coqueteos ocasionales con la melancolía y el era el acompañado, no el acompañante”.
El autor con una amplia obra poética en su haber, pertenece a una estirpe de la isla, con apellido propio, “Los Orta son como la grama, diría el tío Paco el Anega Hijo, ahíncan las raíces en las profundidades de la tierra y ahondan en la perserverancia”.
La historia que va hilvanando Los ojos de los fornecos se narra fuera del espacio-tiempo por parte de alguien que“es un detallista de la observación menguante”. Este nos la explica con un lenguaje costumbrista, con registros que van de lo dialectal a lo coloquial e incluso enalteciendo lo vulgar (como se reconoce en el apéndice) pero con un realismo literario comprometido a la vez que póetico.
El propio lenguaje que conforma toda la obra es la tramoia del escenario que nos adentra en los paisajes humanos de la isla. “A veces el lenguaje se enreda en los palitroques punzantes de las saperas y las palabras brotan duras y ásperas como el desierto que nos espera a la salida de la sociedad de la abundancia y el despilfarro. Otras veces la dulzura se convierte en palabras de ritmos candentes y los pájaros duermen en las ramas de la corriente del agua”.
La lectura de Los ojos de los fornecos nos transporta al corazón de la naturaleza de un lugar donde casi se extinguió la planta endémica, única de la zona, la Linaria lamarckii. Una isla de marismas, en la que “Si el corazón de la Isla no riega las arterias dadoras de vida que la circundan, mal andamos, quienes seguimos teniendo pequeñas esperanzas de que las flores interiores de las habitaciones húmedas del compromiso sigan respirando a sal y a retamas carcomidas por la luz del sol".

Un lugar en que el río se adormece por retardar su llegada el mar y en el que los fornecos, esas pozas de fango poco compactado, en los esteros y cuya dinámica se asemeja a la de las arenas movedizas, es por donde los indígenas del lugar han labrado su particular historia junto con la naturaleza. Un paisaje en el cual “El pobre no puede permitirse el decaimiento del ánimo. Las depresiones son para los ricos, que se las pueden costear”. Una tierra en la que cada generación pone su alma entera y por eso el relato recoge los instantes de estas pasiones: “En aquellos años el sudor engrandecía a los hombres de las retamas. Quien no sudaba era un gandul, un señorito pobre, un infeliz que ni las moscas la visitaban. El hombre tenía que oler a sudor y la excesiva limpieza corporal olía a mariconeo de la muerte”.
El narrador sigue de forma especial al tío Martin, un tipo muy raro, según le reconoce, Patricia, una niña que hace un cameo al final del libro, pues es quién organiza la defensa de la Isla frente a los especuladores urbanísticos y preservar su grandiosa esencia natural: “Las granadas y los membrillos huelen a lluvia primeriza endulzando los ojos del sol y las hojas pájaro imitan el vuelo de los árboles. El otoño es transformador.” “La isla es una locura de bandadas de pájaros picotenado los sueños y de sueños persiguiendo el vuelo de los pájaros.”Pero “Esta sociedad es devoradora. Lo que hoy florece mañana desaparecerá en el mapa.”
Los ojos de los fornecos nos pasea por los poros de una Isla que transpira desde el pasado al presente. Asistimos a la invasión de la Guardia Civil persiguiendo la sombra de El Lute en los años sesenta y, sobretodo, nos desembarca en la playa de la especulación salvaje. “Cuando los pelotazos urbanísticos florecen en los escaparates de la impunidad y los camellos de poca montan trafican con maletines fugaces en los andamios podridos del manicomio. Ahí andan los optimistas caminando a contracorriente por los precicipios de la escarcha, sorteando obstáculos inimaginables de gentes que, sin mediar palabras, ponen zancadillas para que hociquen en los fornecos trampas de los arenales movedizos. Pero ahí siguen aguantando el chaparrón de denuncias vergonzantes y de descalificaciones tontaínas.”
A medida que la lectura avanza uno se identifica con el lugar gracias a que la narrativa de Eladio Orta es capaz de cautivar nuestra alma: “Cada vez quedan menos lugares de referencia de nuestra infancia. Es como si la política globalizadora de las santas multinacionales y de los santos monopolios nos fuera troceando los lugares vivenciales con delicado bisturí.”. A la vez que, desenmascara lo obvio “Las sociedades  burocráticas, de derechas o de izquierdas se alimentan de la destrucción, Maguelito. No hay huecos para el silencio ni para la contemplación del pájaro en su nido.”
Eladio Orta, nos abre su corazón poético con una narrativa que se mece a lo largo de todo el libro: “Contar una historia es caminar por las huellas visibles de los caminos o las vías pecuarias y a veces tomar una vereda transitable para desentumirse de la friolera. Si la narrativa tiene que cruzar un río, lo cruza por el puente, conduciendo alegremente un elegante coche o caminando despacio y escrutando los márgenes para reírse de las maneras tan extravagantes que tiene la poesía de intentar cruzar el río. La poesía espera a que las corrientes del río se encuentren y el agua salada y la dulce se mezclen en un instante de silencio único e irrepetible para cruzarlo sentada en la jona seca de un arbusto”.
Pero ante todo, Los ojos de los fornecos es una denuncia del maltrato a una naturaleza silvestre y humana que con su diversidad realza la dignidad frente a los especuladores: “Las ideologías dominantes trabajan para arrinconar a las ideologías minoritarias a golpe de cansancio y estafas. Y encima, a este engendro mercantilista lo llaman democracia. Que casualidad que a todos los dictadores o democrátas dictatoriales no les guste la política…La política actual se ha convertido en un enjambre de maletines voladores sobrevolando los despachos de los alcaldes y de los teninentes alcaldes y de los urbanistas y juristas principales del reino en busca del elixir de la mediocridad.””Si se ciegan los ojos sumideros del agua dulce del fango, estamos cegando nuestros propios ojos en el escaparate asfixiante de las especies vivas”.

La historia de las traiciones, pero también de las embestidas con la fuerza salvaje de la Guardia Civil al servicio de los poderosos y de los llantos por una tierra amada convertida en especulación- Los especuladores no tienen miramientos deletrea la estrofa del verso no escrito: “Hubo cientos de enganches y de paralizaciones, llantos sordos que se disipaban en la soledad de cuartos desconchados por el agotamiento de la cal, lágrimas que se enjuagaban en palanganas sin fondo, ojos enrojecidos por la impotencia de la resignación de la sal, No tenemos nada, somos papilla en las manos de los colmillos del hambre, cagajones aplastados por las botas sin escrúpulos de los perros de los poderosos.” Porqué la “isla de las Retamas es un entramado de ingeniería jurídica expropiatoria amparado por una ley franquista derogada. Pero quién hace la ley hace la trampa para que los especuladores y demás angelitos del cielo sigan arrinconando la respiración de los bichos resistentes de las retamas”. La Isla de las Retamas es la épica de un grano de arena insumiso en “la península Ibérica que huele a chorizos en descomposición y a sangría urbanística”.
Eladio Orta nos brinda las voces de los habitantes que se alejan interrogantes en la pleamar poética que los mece a la vez que “Todo el peso del poder caía sobre la Isla como un peñasco en la cabeza de un pájaro”. Como alguno de sus personajes, esta obra es pionera, “una travesía cíclica pegada a las zapatas de los muros y a los travesaños de arena que aguantaron los envites del mar en los temporales interminables de febrerillo loco”.
Los ojos de los fornecos es un homenaje, una crónica poética  a “Cuántos recuerdos enterrados o sepultados en cemento guardan estos lugares”. Su lectura nos transporta a los sueños y desvelos de uno de los últimos lugares de naturaleza salada, guiados por la mano de un poeta cuya narrativa se desparrama como el rocio lo hace sobre la belleza descrita en palabras llenas de emoción, compromiso y convicción ecológica. Un libro publicado en una pequeña editorial que merece ser difundido de boca en boca, para que vuele en la libertad del acto poético atrapado en el papel que pervive porque no existe.

http://www.terra.org/categorias/libros/los-ojos-de-los-fornecos

jueves, 11 de enero de 2018

Entrevista a Brane Mozetič, autor del poemario ESBOZOS INACABADOS DE UNA REVOLUCIÓN en Todo literatura

Brane Mozetič: “El hombre en su intimidad o en su sexualidad no es libre en absoluto”

El autor esloveno acaba de publicar su poemario "Esbozos inacabados de una revolución", un libro en el que muestra las huellas que la guerra y la política dejan en lo más íntimo, así como su compromiso con la libertad.


Brane Mozetič
Brane Mozetič: “El hombre en su intimidad o en su sexualidad no es libre en absoluto”

El nuevo poemario de Brane Mozetič ha sido publicado por la editorial canaria Baile del Sol 
"Esbozos inacabados de una revolución" es un poemario en el que lo íntimo se convierte en público y viceversa, ¿de qué manera se sitúa ante ambas esferas?
Como he traducido los tres tomos de La historia de la sexualidad de Michel Foucault, soy muy consciente de que el ámbito de la intimidad o, más exactamente, de la vida sexual de un ser humano en absoluto es un asunto privado, sino que, desde siempre y todavía hoy, ha estado sujeto a una estrecha vigilancia de las autoridades, tanto de las autoridades laicas como de las eclesiásticas. Todas las religiones decretan con precisión las prácticas sexuales, cuáles están permitidas, a quién y cuándo, hasta qué punto, lo que está prohibido y castigado. De manera similar, las autoridades laicas llevan desde antaño aprobando leyes que regulan el área de la sexualidad humana. Este ha sido siempre también un tema muy tratado por el arte, que desafiaba los límites de la libertad de expresión. Y sigue siendo así: el hombre en su intimidad o en su sexualidad no es libre en absoluto, sino que su comportamiento está determinado por las leyes, por la moral, por la tradición y por la cultura. Hablar de la intimidad siempre es un acto político que es necesariamente público. Como en mis poemas hablo mucho de la intimidad, ya me meto con los mencionados leyes, moral, tradición y cultura.
Hace poco un poeta comentaba que, mientras leía en público, alguien le gritó: ¡Eso no es poesía, eso es política! ¿"Esbozos inacabados de una revolución" es un poemario político?, ¿es poesía, es política, o ambas cosas?
Toda mi literatura es, de alguna forma, comprometida. Esta colección incluso un poco más porque no habla solo de la libertad sexual, sino también de cuestiones sociales y políticas. Como no vivo en un mundo tranquilo y estable, sino en una época muy turbulenta, con muchas guerras y con mucha gente pasando miserias, no puedo escribir la llamada poesía pura – tampoco la lírica, sino que mis poemas se mezclan con la expresión prosada, con el compromiso, también con la política.
Usted explica también en un poema que en un recital le acusaron de poner demasiado énfasis en su condición sexual, ¿cree que ha cambiado algo la mirada del público lector y oyente, o ese aspecto continúa incomodando?
Cuando hablas de tu propia orientación sexual que es diferente de la mayoritaria, estás siempre expuesto y te encuentras en una posición vulnerable, tus límites están determinados por esa mayoría. Es la que decide también hasta qué punto te lo permitirá. Si dejamos la historia, las quemas y los campos de concentración para centrarnos en el mundo actual, los límites de tu orientación sexual diferente dependen también de la sociedad en la que vives. En Eslovenia, mis poemas, sin duda, siguen incomodando, en los países sudamericanos los consideran acto de valentía, en otros países son censurados o absolutamente imposibles. En Argelia, por ejemplo, se podían recitar al mismo público las traducciones francesas de mis poemas homoeróticos, pero no las árabes, aunque el público comprendía las dos lenguas. Son cuestiones interesantes de la tradición, de la cultura y, por supuesto, del poder de la autoridad, que decide también sobre la poesía. Varias veces he sido víctima de agresiones verbales y también físicas por mi orientación sexual, y me parece muy necesario hablar sobre ello.
Cuando hablas de tu propia orientación sexual que es diferente de la mayoritaria, estás siempre expuesto y te encuentras en una posición vulnerable

La libertad es otra de sus preocupaciones en este libro, ¿considera que existe en estos momentos algún resquicio para esa libertad?
El campo de la libertad se abre normalmente después de mayores acontecimientos históricos, por ejemplo después de las revoluciones. Así, al menos en el Occidente se abrió después de la Segunda Guerra y culminó en la época de motines estudiantiles y de la revolución sexual. Después, las autoridades metieron la libertad en los moldes y recortaron todo lo que sobrepasaba esos moldes. Por lo menos en Europa tenemos hoy más derechos, pero hay menos espacio para la libertad, todos los días, a cada paso tropezamos con las regulaciones impuestas por el poder. De ninguna forma vivimos en una sociedad iluminada, llena de optimismo y felicidad, sino que estamos preocupados, reservados, a veces también asustados... y, en general, impotentes ante el sistema construido por el poder.

"Siempre estamos en el brete de los acontecimientos provocados por los políticos que elegimos nosotros mismos"

En este libro describe algunas escenas, como en el poema que comienza con “Mi tío Slavko”, que nos acercan a acontecimientos históricos a través de lo que le pasa a las personas en su vida diaria, ¿es quizá este el modo más realista de contarlos?
A lo largo del libro aparecen acontecimientos históricos muy concretos que se mezclan con reacciones individuales y personales y también íntimas a esos acontecimientos. El hombre y su mundo personal están sujetos, pues, a lo que sucede en la historia, y, por ello, todo esto se entrelaza en los poemas. Quería mostrar que la historia se repite, que siempre estamos en el brete de los acontecimientos provocados por los políticos que elegimos nosotros mismos. Es un círculo vicioso y, al mismo tiempo, lo trágico de nuestras vidas.
¿Qué tiene de revolucionario el amor?, ¿y la pasión?, ¿y el sexo?
Si un hombre fuera libre en el amor, en la pasión y en el sexo, eso no sería un asunto nada revolucionario. Pero como, de hecho, no lo es, choca siempre contra las limitaciones y reglas que acabo de mencionar. En general a una persona se la educa ya en su infancia y a través del sistema escolar, inculcándole una gran cantidad de reglas y también frustraciones. En su amor, su pasión y su sexualidad es revolucionaria siempre cuando excede los límites, las reglas, los modelos que ha adquirido y que la rodean. Una persona del mundo occidental se encuentra en una situación completamente diferente que una persona del mundo árabe o de los países del lejano oriente. Las cosas nos son tan inocentes en absoluto, pues en todo el mundo te pueden, por el amor, por la pasión o por el sexo, perseguir, encarcelar, excluir, desheredar, odiar, y también ejecutar. De modo que la mayoría cede ante el mundo circundante y no es nada revolucionaria. Y, además, hay que añadir que ya la relación misma de amor, de pasión o de sexo es una relación de autoridad, de poder, de poseer. Todas estas fuerzas se desencadenan ya en una relación íntima entre dos seres, una especie de guerra se libra ya en una pareja – y lo sabemos muy bien todos, por nuestra propia experiencia.
¿Hacia dónde mira cuando escribe un poema?
Mis poemas están hechos de escenas, a veces son como cuentos muy cortos. Las saco de mi memoria y de la memoria del mundo en el que vivo. Miro una escena que, después, se desarrolla a través de las palabras.
¿La exposición propia es una forma de honestidad?
Podríamos llamarla también honestidad. De todas formas, es algo subjetivo porque se trata de mi visión de mi propio mundo y del mundo que me rodea.
Ha habido momentos en la historia de la literatura en los que se pensaba que el objetivo fundamental de la poesía era mostrar la belleza. ¿Tiene la poesía algún objetivo, desde su punto de vista?, ¿qué tiene que mostrar?
La poesía es tan variada que también tiene objetivos muy diferentes. Para algunos tiene que exaltar el heroísmo, para otros el pacifismo, para algunos la creencia en dios, para otros los sentimientos de amor, la belleza de la naturaleza, etc. Para mí es un espacio de libertad y creación en el que me expreso a mí mismo y a mi mundo. Con mi compromiso, por supuesto, trato de mover los límites de los demás; o, solo, trato de encantar a los demás con mis imágenes, ofrecerles una especie de placer estético.
¿Diría que la poesía es necesaria en el mundo en el que vivimos?, ¿para qué?, ¿por qué?
Para nosotros que la escribimos es muy necesaria. Y también para los que la leen. Las dos partes a lo mejor vivimos en ella un mundo diferente que no podemos vivir en la vida real. Y hay muchos que no pueden hacerlo o, incluso, cada vez más.
¿A quién recomendaría leer Esbozos inacabados de una revolución?

Creo que a cualquiera. Porque la rebeldía o lo revolucionario forma parte de la naturaleza humana. Todos lo hemos experimentado alguna vez. Leyendo estos poemas, uno puede revivir sus recuerdos o encontrar paralelos a sus sentimientos de rebeldía en el tiempo presente.